Qué desayunamos nosotros los días de fiesta
Cuando cerramos y desayunamos como clientes, esto es lo que pedimos. Sin filtros.
Preguntar al equipo qué pide es la manera más honesta de saber qué está bueno de verdad. Aquí va, sin cocina de por medio.
La tosta de jamón ibérico con tomate
Gana por mayoría. Pan de masa madre, tomate, buen aceite y jamón 50% bellota cortado a cuchillo. No hay técnica que la salve ni que la estropee: es producto puro. Y por eso funciona.
Cuesta 8 €, y con un huevo o aguacate por 1 € más se convierte en un plato completo.
Los huevos turcos
Los que trabajan por la mañana los piden al terminar, cuando la cocina ya va a cerrar. La combinación de yogur frío, yema caliente y las especias es de las que no cansan.
El pastrami sándwich, los días largos
Es contundente, así que no es de diario. Pero cuando el día viene de siete horas seguidas de servicio, no hay nada mejor.
El batch brew
Casi nadie del equipo pide espresso fuera del turno. El filtro gana: sabe más, se toma con calma y no acelera.
La tortillita de patata con cebolla
Extremadamente jugosa, con cebolla pochada. Es el plato español de la carta y el que pide todo el mundo cuando quiere algo reconocible.
El crepe de manzana al horno, canela y miel
El dulce del equipo. Menos empalagoso que el de Nutella y con la manzana caliente, que en invierno es otra cosa.
Lo que no pedimos nunca
Nada. Y es un poco la prueba del algodón: si hay algo en la carta que nadie de la casa quiere comer, ese plato no debería estar en la carta.
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