Aceite de oliva: el ingrediente que más se da por sentado
Está en casi todos nuestros platos y casi nadie pregunta por él. Deberías.
Estamos en Andalucía, donde el aceite es tan normal que se vuelve invisible. Y sin embargo, en una tosta de tomate el aceite es la mitad del plato.
Virgen extra, virgen, refinado
- Virgen extra: zumo de aceituna obtenido solo por medios mecánicos, sin defectos sensoriales y con acidez muy baja. Es el bueno.
- Virgen: igual proceso, pero se le permite algún defecto leve y algo más de acidez.
- Aceite de oliva a secas: mezcla de refinado con un poco de virgen. Sirve para freír; para crudo, no aporta nada.
Lo que va sobre una tosta tiene que ser virgen extra, sin discusión.
Frutado, amargo, picante
Un buen virgen extra tiene tres cosas que a mucha gente le sorprenden:
- Frutado: huele a aceituna, a hierba recién cortada, a tomate verde.
- Amargo: sí, debe amargar un poco.
- Picante: ese cosquilleo en la garganta al tragar. Son polifenoles, y son lo bueno.
Si un aceite no amarga ni pica nada, probablemente es viejo o de baja calidad. Ese picor que mucha gente interpreta como defecto es en realidad el sello de que está vivo.
Cómo se guarda
Lejos de la luz y del calor. El peor sitio de la cocina para el aceite es justo donde todo el mundo lo pone: al lado de los fuegos. La luz y el calor lo oxidan.
Botella oscura, armario, y consumirlo en pocos meses.
En nuestros platos
Va en la tosta de tomate, en los huevos turcos, en las ensaladas y encima de casi cualquier cosa que salga de la cocina. Es de esos ingredientes en los que ahorrar sale carísimo: se nota en todo.
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