17 de octubre de 2026 · La Galga

Por qué servimos el café en taza de cerámica (y no en vaso)

La taza no es decoración: cambia la temperatura, el aroma y cómo te sabe. Con matices.

Suena a detalle sin importancia. Es de las cosas que más cambian la experiencia y menos cuestan.

La temperatura

La cerámica gruesa retiene el calor: si la taza está precalentada, el café llega a la mesa a la temperatura correcta y aguanta.

Un vaso de cristal fino enfría el espresso en un minuto. Un vaso de cartón, además, aísla tanto que a veces el café llega demasiado caliente para notarle nada.

El aroma

Una taza que se estrecha arriba concentra los aromas hacia la nariz. Y como el 80% de lo que llamamos "sabor" es en realidad olfato, la forma de la taza cambia literalmente a qué sabe el café.

Por eso las tazas de cata tienen esa forma tan concreta.

El grosor del borde

Un borde fino deposita el líquido en la punta de la lengua, donde se perciben mejor el dulzor y la acidez. Un borde grueso lo reparte más atrás. Es sutil, pero está estudiado.

Y el peso

Un objeto con peso se percibe como más valioso y de más calidad. No es sugestión tonta: es cómo funciona el cerebro con la comida, y hay experimentos serios al respecto.

Cuándo usamos vaso

Para las bebidas frías, evidentemente: cold brew, ice latte, tonic espresso, limonada. Ahí el cristal alto es lo correcto.

Y para llevar, cuando hace falta. Pero si te lo tomas aquí, va en cerámica.

Las tazas de La Galga

Algunas de nuestras tazas están hechas por ceramistas, y de ahí viene en parte el Pottery Café: si te gusta la taza en la que bebes, quizá te apetezca hacer la tuya.